miércoles, 29 de febrero de 2012

En Inglaterra afirman que "el Athletic
estafa a los fans del United"

'Athletic ripping United fans off', titula su artículo Andy Mitten, un prestigioso periodista que escribe con asiduidad en diversos medios ingleses. Un vistazo al diccionario para comprender con exactitud el significado que le dan los ingleses al verbo to rip off, nos descubre los siguientes: chingar, clavar, currar, embromar, estafar, joder, tumbar. He elegido la quinta acepción para titular con la traducción, pero es evidente que Mitten no se anda con medias tintas a la hora de calificar la política de precios del Athletic para el choque contra el Manchester United. Ni él ni los responsables de la entidad inglesa. Tanto es así, que el club de los diablos rojos ha elevado una protesta a la UEFA de la que, según se desprende de lo que escribe el periodista, no esperan sacar nada en limpio de acuerdo con sus experiencias anteriores. Claro que de los comentarios que ha suscitado el artículo entre sus lectores se deduce también que, al margen de algún exaltado, a nadie le sorprende en Inglaterra la noticia del precio porque la mayoría coincide en admitir que incrementar el valor de las entradas en determinados partidos es una práctica bastante habitual, incluso en las Islas.
El artículo, con su incendiario titular, es la respuesta al precio que ha puesto el Athletic para las entradas del partido de Europa League en San Mamés, que ciertamente contrasta con el que ha señalado el Manchester United para la ida en Old Trafford. Los ingleses pagarán 92 euros (77.5 libras), para sentarse en San Mamés, lo que el periodista no duda en calificar de extorsión a sus fans, mientras que los seguidores del Athletic podrán acceder al 'teatro de los sueños' por 42 euros (36 libras), es decir, menos de la mitad.
Ésta es, al parecer, la razón principal por la que los ingleses no habían enviado todavía ayer martes las entradas para su venta en Bilbao, mientras que el Athletic sí ha remitido las suyas a Manchester para su gestión por parte del club de los diablos rojos. De hecho, los aficionados ingleses podían comprar las entradas para San Mamés desde ayer en la página web se su club, dando cuenta, eso sí, de su plan de viaje detallado.
Aunque Andy Mitten se esfuerza en explicar las razones de esta política de precios e incluso se muestra comprensivo y la justifica diferenciando a los socios que verán premiada su fidelidad con precios más asequibles, de los espectadores eventuales que acuden atraídos por el glamour de las grandes citas, ha preferido utilizar la brocha gorda para titular, despreciando el pincel para hacer una matización importante: el Athletic no ha establecido sus precios solo para los aficionados del Manchester United, sino para todos aquellos que quieran acudir a San Mamés sin ser socios del club, sean ingleses o vascos. Mitten recuerda, eso sí, que los mismos precios estuvieron en vigor en San Mamés en anteriores partidos de la EL, tal y como lo hizo el propio Athletic en un comunicado hecho público a última hora de la tarde del martes a través de la pagina web oficial. Es éste un matiz que condiciona todo el argumentario del periodista y, por ende, del propio Manchester United, y deja en evidencia la tendenciosidad del titular: Los precios son los que son para todos y la única diferencia se establece en relación a la condición de socio o de mero aficionado de quien acuda a la taquilla.
Es previsible que ese dato sea definitivo para que la UEFA no tome en consideración la reclamación de los ingleses. No hay discriminación, ni extorsión ni, mucho menos, estafa, o cualquiera que sea la acepción en la que estuviera pensando el periodista cuando escribió su titular. Hay unos precios que los clubes fijan libremente y de los que, salvo que hayan cambiado las cosas, la propia UEFA se suele llevar un porcentaje.
Siendo esto así, no es menos cierto que los aficionados del Manchester United encuentren razones para sentirse agraviados, las mismas que esgrimieron los seguidores del Athletic cuando tuvieron conocimiento de los precios que determinó el Mirandés para el partido de ida de la semifinal de Copa, o los que suelen fijar los rivales de los rojiblancos más cercanos en lo geográfico, cuando barruntan un desplazamiento masivo de seguidores del Athletic a sus campos.
La petición a la UEFA para que establezca medidas generales contra la escalada de precios que sufre el fútbol con la que Andy Mitten cierra su artículo, puede considerarse una reflexión interesante, propia de alguien que ve este deporte desde la mentalidad inglesa, donde el fútbol, todavía, sigue siendo un espectáculo relativamente barato, sobre todo si lo comparamos con los precios que rigen en el Continente.
Este asunto de los precios de las entradas amenaza con enrarecer el ambiente de lo que se presuponía que iba a ser una gran fiesta del fútbol. De momento, los plazos ya empiezan a apretar al Athletic y a sus aficionados, quienes, a una semana de la cita de Old Traford, siguen sin saber si dispondrán de una entrada para poder planificar su viaje, una situación que obligó al Athletic a emitir un segundo comunicado aclarando su posición al respecto, circunstancia muy poco habitual en un club en general poco dado a extenderse en demasiadas explicaciones, lo que indica el nivel de preocupación que está generando este tema.
El club ya expresó su temor al conflicto que podría provocar la demanda de entradas y los hechos certifican lo fundado de esos temores. De pronto, el Athletic se está viendo inmerso en un terremoto cuyo epicentro se encuentra en las taquillas de San Mamés. Tiene que gestionar, sin apenas tiempo para maniobrar, las aproximadamente 3.800 entradas que enviará el Manchester United para la ida, y casi sin solución de continuidad, manejar el reducido aforo de San Mamés para la vuelta, con el ingrediente añadido de un casi seguro desplazamiento masivo de ingleses, que acapararán la grada sur del campo obligando a reubicar a los socios afectados en otras tribunas. Tanta es la expectación que está generando la eliminatoria, que el partido contra la Real Sociedad, que tradicionalmente genera problemas de taquilla, está pasando completamente desapercibido en esta ocasión.
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martes, 28 de febrero de 2012

Los socios compromisarios vuelven a debatir
la reforma de los Estatutos

Suelen decir los ingleses "no news, good news", que traducido al román paladino viene a querer decir que es una buena noticia que no haya noticias. Así habrá que tomar lo que está ocurriendo alrededor de la Asamblea Extraordinaria de socios compromisarios que el Athletic celebra mañana miércoles para someter a aprobación la adecuación de los Estatutos del club al Decreto 163/2010 de 22 de junio, también conocido como Ley del Deporte del Gobierno vasco. Que el Athletic convoque Asamblea y no se viertan a continuación ríos de tinta y se abran debates apocalípticos solo cabe calificarlo como asombroso. La Junta Directiva, siguiendo usos y costumbres de sus predecesores, ha organizado incluso un par de reuniones informativas en Ibaigane para aclarar las dudas de los compromisarios, reuniones que han tenido escaso éxito de crítica y público. De hecho, desde la convocatoria de la Asamblea hasta la fecha, solo se puede encontrar una referencia a la misma en un medio de comunicación escrito de Bilbao. En la tertulia de Onda Cero de ayer lunes, la cosa mereció los últimos minutos del programa.
Hay una razón que explica el desinterés popular y mediático y no es otra que el carácter de mero trámite que tiene esta nueva reforma de los Estatutos del club. El Athletic, como todas las entidades deportivas que se asientan en la Comunidad Autónoma, está obligado a adecuar su norma básica a la normativa en vigor. En su día, la Junta presidida por Fernando García Macua quiso aprovechar este adecuación obligada, para introducir algunos cambios de mayor calado en el articulado de los Estatutos. Asuntos como la normativa electoral, las atribuciones del presidente y Junta Directiva o la composición, vías de acceso de sus miembros y atribuciones de la Asamblea de Compromisarios, sufrieron cambios importantes en aquella propuesta, que presentaba además novedades como la creación de una comisión ejecutiva dentro de la Junta Directiva o la figura del defensor del socio. Como se recordará, hubo mucha más expectación entonces y hasta un motín a bordo de la Directiva, a duras penas disimulado pero que tuvo efectos demoledores tanto en la suerte de la propuesta, denegada por los compromisarios, como en las relaciones del presidente con alguno de los miembros de la comisión redactora. Aquello culminó en abril de 2011. El actual presidente, Josu Urrutia, sabe mucho de aquella historia, puesto que la vivió en primera persona en su condición de miembro de la comisión. No es descartable que aquella experiencia le haya aconsejado ahora presentar a los compromisarios una propuesta de mera adaptación de los Estatutos, que no toca ninguno de los puntos calientes que condicionaron la suerte de la anterior intentona.
Copiados literalmente del documento que proporciona el propio club a sus socios, estos son los cambios que presenta la Junta a la aprobación de la Asamblea de Compromisarios:

Se han eliminado las citas y referencias normativas derogadas que
contenian los Estatutos y han sido sustituidas por las vigentes en la
actualidad (artículo 1 y Disposición Adicional Segunda)
• Se ha reconstruido la enumeración de derechos (artículo 13) y
obligaciones (artículo 14) del socio o socia del Athletic Club, para incluir
los derechos y obligaciones mínimas que se señalan en el Decreto
163/2010.
• Se incluye la figura del Presidente o Presidenta del Athletic Club en
la enumeración de los órganos supremos de gobierno, administración
y representación del Athletic Club (artículo 15), tal y como lo ordena el
Decreto.
• Se restringe el uso de la votación secreta, como excepción y se
asegura el derecho de las y los disidentes a dejar constancia de su voto
en contra o abstención, lo que es coherente con el nuevo régimen de
responsabilidades que establece el Decreto (artículo 33).
• Uno de los cambios más importantes se refiere a la nueva regulación
de la responsabilidad de los miembros de los órganos de gobierno y otras
personas que actúan en representación del Club (artículo 52), que ha
sido modificado y adaptado literalmente a cuanto ordena el Decreto,
ampliándose el ámbito subjetivo y objetivo de dicha responsabilidad.
• Se revisan las facultades puntuales que corresponden a la Junta
Directiva para deslindarlas de algunos puntos de intersección con las
facultades de la Asamblea General (artículo 54)
• Se clarifica el régimen de recursos contra las sanciones impuestas
por los órganos disciplinarios del Club, lo que redunda en una mayor
seguridad jurídica para el socio o socia (artículo 84)
• Se autoriza la llevanza de Libros obligatorios mediante sistemas
informáticos o electrónicos, lo que no es más que una plasmación de la
realidad del Club en el contenido de sus estatutos (artículo 86)
• Se relacionarían las causas de disolución del Club, tal y como lo ordena
el Decreto (artículo 87).
• Se suprime la mención al informe obligatorio del Consejo Vasco del
Deporte, en el supuesto de disolución del Club (artículo 90)
• Se suprimen las Disposiciones Transitorias Primera y Segunda, por
carecer de sentido en el momento presente del Club.
• En cuanto a las Cuentas Anuales, se regulariza su denominación
conforme al nuevo Plan General Contable de 2007 y su normativa
reglamentaria de desarrollo (artículos 19, 31 y 54).
• En general, se ha hecho un esfuerzo por adaptar el texto de los estatutos
a las directrices generales en materia de lenguaje no sexista.


Cabe calificar estos cambios de mero trámite obligado por una normativa superior como la que emana del propio Gobierno vasco, por lo que lo lógico es que la Asamblea los apruebe sin más discusión que la imprescindible.
Es el segundo punto del orden del día, Aprobación, en su caso, de la apertura de un proceso de modificación del contenido de los Estatutos Sociales del Athletic Club, para adecuarlo a nuestros tiempos, el que concita el mayor interés de la reunión, puesto que de ser positiva la respuesta de los asistentes, se abrirá un nuevo proceso de reforma, con la elección de una nueva comisión redactora y los consiguientes trámites que desembocarían en una nueva Asamblea Extraordinaria que, ésta sí, volvería a tener una mayor repercusión que la que nos ocupa. Cuáles son los Artículos a cambiar y en qué sentido habría que modificarlos para adecuar los estatutos 'a nuestros tiempos', son las dos grandes incógnitas que hay que despejar para resolver una ecuación diabólica que requiere de los votos favorables de los dos tercios de la Asamblea, una mayoría de complicada consecución como se comprobó en la última intentona. La Junta actual cuenta con la ventaja de la experiencia que sufieron sus predecesores. Otra cosa será que ésta sea suficiente como para desenredar el nudo gordiano de la propia Asamblea de Compromisarios. Pero esos serán temas a debatir a medio o largo plazo.
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domingo, 26 de febrero de 2012

El Athletic supera las bajas y el cansacio
para sumar un punto que sabe a poco

Ni la paliza del jueves contra el Lokomotiv, ni los cambios obligados y voluntarios, cuatro, ni la acumulación de partidos, nada parece capaz de influir decisivamente en el funcionamiento del Athletic. Los rojiblancos volvieron a rendir a un gran nivel físico y durante muchos minutos fueron capaces de imponer su fútbol en un campo del que habían salido derrotados las siete últimas temporadas -en más de un caso sin ofrecer la mínima resistencia- y ante un rival que, aunque en horas bajas, sigue contando con futbolistas de la calidad suficiente como para inclinar cualquier partido a su favor. El empate puede resultar incluso decepcionante puesto que el Athletic llegó a ponerse por delante en el marcador, pero el balance de los noventa minutos arroja una igualdad entre los dos equipos que tuvo justo reflejo en el marcador.
Bielsa no podía contar con los sancionados De Marcos y Muniain, ni con el lesionado Amorebieta, y prescindió de Llorente de salida. Los que piden rotaciones estarían satisfechos cuando vieron la alineación. El cuarenta por ciento del equipo cambiado; no está mal. Las ausencias se notaron sobre todo en el primer tiempo, que fue cuando más se echó en falta la omnipresencia de De Marcos, o la chispa de Muniain. Herrera no encontró socios e Iturraspe e Iñigo Pérez apenas se dejaron ver. La solidez defensiva, las correrías de Susaeta y la batalla de Toquero sostuvieron entonces a un Athletic que no se reconocía en el campo pero que se bastaba para mantener a raya a un Villarreal que, pese a todo, no se fiaba y vivía del golazo que cobró Senna a los diez minutos por medio de un golpe franco.
Daba la impresión de que las circunstancias estaban forzando al Athletic a perder un partido que se suponía más que accesible de poder contar con todos los titulares en el campo. Y esa impresión quedó reforzada cuando tras el descanso apareció Llorente en el terreno. Como siempre ocurre cuando coincide con Toquero sobre el césped, éste se fue a la banda y el juego de ataque del Athletic ganó en profundidad. Una jugada de manual, con apertura a Gaizka desde del centro del campo y centro pasado de éste a la cabeza de Llorente, dio lugar al empate. Minutos después Susaeta no repitió el error que cometió en los primeros compases del partido y fusiló a Diego López tras dibujar un contrataque eléctrico que se inició en un gran pase de Herrera.
Pero la mala suerte golpeó en el siguiente minuto al Athletic. Bielsa decidió dar entrada a Ekiza en el lugar de Iñigo Pérez, sin duda pensando en el marcador, pero el cambio coincidió prácticamente con el segundo gol del Villarreal, en un balón que Iraizoz no acertó a sujetar. Fue el único fallo del guardameta, que por lo demás completó una buena actuación, pero es lo que tienen los fallos de los porteros, que son los que más se ven y siempre tienen reflejo en el marcador.
Fueron precisamente los minutos que restaban hasta el final del partido los que trajeron a ese Athletic indomable que no se resigna y se rebela ante la adversidad. Donde cualquier otro equipo se hubiera conformado con defender el empate, cuando las piernas tenían que empezar a pesar por los esfuerzos acumulados, los leones dieron otra vuelta a la tuerca que regula la intensidad de su juego y llevaron el partido a un terreno desconcertante para el Villarreal. La salida de Ibai a falta de diez minutos, aportó el plus de chispa que estaba necesitando el equipo hasta forzar un partido de ida y vuelta en el que los rojiblancos dispusieron de un par de ocasiones para volver a desnivelar el marcador. No lo consiguieron, pero proyectaron una imagen que tiene que llenar de orgullo a una afición que, en su fuero interno, había dado por amortizado un partido que se presentaba con demasiados inconvenientes acumulados. No pensaban lo mismo ni el técnico ni los jugadores, es evidente, y lo pelearon con la ambición habitual. El empate puede saber a poco y esa es, en sí misma, una buena noticia para un equipo que, a pesar de todos los pesares, volvió a acabar el partido apretando en el área rival. Era un partido de transición pero el Athletic lo jugó como si fuera una final, o sea, como siempre.
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viernes, 24 de febrero de 2012

El Athletic tuvo que recurrir a la épica
para resolver un partido enrevesado

Pocos partidos se suelen ver tan complejos como el que jugaron el Athletic y el Lokomotiv. Dijo Bielsa en la sala de prensa que fue un partido de muchos matices. Sería quizá más descriptivo decir que hubo varios partidos dentro del mismo partido, hasta convertir el choque en un asunto más mental que futbolístico, con movimientos más propios del ajedrez que del deporte del balón. Hubo tantas cosas a lo largo de los noventa minutos que contarlas todas daría para escribir una de esas novelas río que lo mismo sirven para leer, que de almohada para la playa por su volumen. Una novela que podría escribirse además en diversas claves, recurriendo al género o subgénero que más domine el autor. Hubo novela negra, protagonizada por un Lokomotiv suburbial; hubo también bastantes páginas de misterio e intriga y, cómo no, hubo un sitio preferente para la épica que, como no podía ser de otro modo, le correspondió en su totalidad al Athletic. La novela tuvo un planteamiento que hubiera desalentado al mejor lector, con el campo medio vacio y frío en el comienzo, y un nudo enrevesado pero un final feliz, con un San Mamés en ebullición rendido al coraje de sus héroes.
Hubo también un entrenador, Bielsa, que se equivocó de salida, y otro, Bielsa también, que estuvo ágil y decidido para ir cambiando esquemas y retocando posiciones a lo largo de todo el segundo tiempo hasta convertir a su equipo en un carrusel que supo mantenerse girando hasta el último minuto.
Es curioso cómo la baja de un lateral, en principio un puesto secundario, puede provocar un verdadero lío en un equipo. Faltaba Aurtenetxe y Bielsa optó por poner en su lugar a De Marcos manteniendo a Toquero en el sitio del todoterreno. Se vio muy pronto que no era una buena solución. Couceiro también había estudiado muy bien al Athletic y planteó un partido de contención basado a partes iguales en un excelente posicionamiento de su equipo, en la caradura de la mayoría de sus jugadores y -aquí entra un factor incontrolable- en la ineptitud de un árbitro que se dejó tomar el pelo durante todo el partido por los jugadores rusos. También cabe extraer una conclusión de la actuación del colegiado, a saber, que si en Polonia tienen a este semoviente por internacional, sufren un problema arbitral que no lo arregla ni la virgen de Chestokova. El arbitraje del tal Pawel Gil solo se hubiera podido comprender de estar todavía en vigor el Pacto de Varsovia.
Pero vayamos a los problemas que nos importan, que fueron los que sufrió el Athletic durante todo el partido. El Lokomotiv sembró un campo de minas en San Mamés. Muy bien escalonados en tres líneas, los rusos cerraron los caminos hacia su portería, minimizando los espacios y jugando con el cronómetro, sin ningún empacho en perder tiempo desde el minuto uno. La opción del doble delantero con Toquero junto a Llorente, aunque Gaizka trataba de moverse a lo largo de todo el frente de ataque, no funcionó porque había demasiada gente para tan poco espacio y porque los rojiblancos no sabían encontrar desde atrás líneas de pase entre las trincheras de los rusos. Se vio pronto que aquello estaba muy complicado. El Athletic no podía imprimir ritmo al partido, constantemente interrumpido por el Lokomotiv, y sin ritmo ni velocidad los rojiblancos se asfixiaban en su propia red de pases a ninguna parte.
Bielsa lo vio claro y en el descanso cambió completamente el sistema. Retiró a dos de los más desafortunados, Iturraspe y Susaeta, metió a San José en el eje de la defensa para adelantar a Javi Martínez al centro del campo donde, efectivamente, hacía falta más energía, y sacó a Iñigo Pérez para colocarlo de lateral y devolver así a De Marcos a su posición en la media punta.
Con la nueva configuración el Athletic jugó los mejores minutos del partido. Toquero, más pegado a la banda derecha, volvió a asociarse de maravilla con De Marcos, igual que ante el Málaga, y desde aquel lado empezaron a llover balones al área de Guilherme como no lo habían hecho a lo largo de toda la primera parte. Entonces se pudo apreciar, por fin, la superioridad de los rojiblancos sobre su rival y se atisbó la resolución de la eliminatoria. Lástima que durara tan poco. Apenas catorce minutos, el tiempo que tardó Amorebieta en ver su segunda tarjeta amarilla. También ese asunto merece su microrrelato. Caicedo eligió chocar con Amorebieta en lugar de disputar un balón aéreo. Era falta del delantero, pero la cosa acabó en un rifi rafe que al colegiado saldó amonestando a los dos, lo más fácil. En una jugada posterior, Amorebieta se despistó, nadie le avisó de la presión que le iba a hacer un rival a su espalda y no tuvo más remedio que derribarle. Nada que objetar a la segunda tarjeta, pero que Tarasov llegara al minuto noventa en el terreno de juego, después de una infinidad de faltas, dos manos y una agresión a Muniain, define la incompetencia del colegiado.
Con uno menos solo quedaba recurrir a la épica y el león despertó de inmediato. Casi en la jugada siguiente, un defensa impidió que el disparo de Herrera llegara a la red. Fue la mejor ocasión del partido. En el corner consiguiente, Llorente cabeceó superando a tres defensores y Muniain fusiló desde cerca. Si San Mamés ya estaba volcado el gol terminó por fundir a equipo y público en la misma lucha. Quedaba media hora larga de sufrimiento. Cuando flaqueaban las piernas arreciaban las gargantas; cuando el miedo silenciaba al graderío, surgían tipos como Muniain o De Marcos, ¡qué carrera de área a área de ida y vuelta se pegó en el minuto 85!, como Javi Martínez o Toquero, como el propio Llorente defendiendo hasta en la posición de lateral, poniendo todos el corazón, muriendo en la pelea.
Y desde la banda, Bielsa corregía una y otra vez. Retiró a Herrera para reforzar la trinchera con Ekiza; Javi otra vez al eje de la defensa e Iñigo Pérez al medio; De Marcos de regreso al lateral, Munian a los relevos, Iraola a echar una mano a los centrales y Toquero en su ayuda. El Lokomotiv metía delanteros y el Athletic se reinventaba. Fue un despliegue sensacional de todos, jugadores y banquillo, que dice mucho de un equipo excelentemente trabajado, con jugadores polivalentes capaces de rendir en distintos puestos, de asumir responsabilidades y de ser fieles a una idea. De hecho, en esa larga media hora el Lokomotiv solo pudo cobrar un remate lejano, que Iraizoz detuvo sin problemas. Si la tensión se disparó hasta el límite fue por el carácter irrevocable en una eliminatoria de un gol, un solo gol que en esas condiciones puede venir en un golpe de mala suerte. No se produjo y llegó, por fin, el final feliz que merecía el Athletic por su esfuerzo y porque, en el balance general, demostró ser superior a su rival. El viejo león apareció en el momento preciso. Donde no alcanzó el fútbol, llegó el corazón indómito de este equipo. San Mamés sufrió y disfrutó como en las grandes noches. El Lokomotiv es ya un capítulo más de este largo cantar de gesta. El Manchester United ya asoma en el horizonte.
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miércoles, 22 de febrero de 2012

¡Que vienen los rusos!

Tomo prestado el título de una vieja película que tuvo cierto éxito en su momento. Se trataba de una comedia que relataba las vicisitudes de la relación entre la tripulación de un submarino soviético encallado de forma accidental en la costa de un pueblecito estadounidense, y la población local. Eran los años de la guerra fría, lo que hacía comprensible un argumento que ahora suena surrealista. La cosa acababa bien y todos se hacían amigos. Se ve que el movimiento hippie y su consigna, haz el amor y no la guerra, empezaba a calar también en las neuronas de los guionistas de cine.
Los rusos que vienen ahora a San Mamés no son como aquellos rusos que venían en la época de la película, aquellos grupos de eslavos, pálidos, altos y con corte de pelo militar, a los que los cronistas de la época les atribuían indefectiblemente la condiciones de máquinas sin alma, de piezas automatizadas dentro de un engranaje superior. Al fin y al cabo eran comunistas y ya se sabe que, además de no tener alma, algunos de aquellos individuos tenían rabo y cuernos; qué menos que equiparar a sus futbolistas con máquinas o con cosas peores, si encima eran los que disfrutaban del oro que se habían llevado los comunistas locales a Moscú.
Es obvio que las cosas han cambiado tanto que ya resulta imposible distinguir a simple vista a un equipo ruso de cualquier otro. Hace tiempo que los mecanismos son similares en todas partes, funcionan con el mismo combustible, el dinero, y las piezas son perfectamente intercambiables. El delantero centro del Lokomotiv, sin ir más lejos, el año pasado le metió un gol al Athletic vistiendo la camiseta del Levante. Es lo que tiene esto de la globalización y los tiempos modernos; desde que cayó el muro de Berlín los equipos rusos ni parecen rusos, ni ná, que diría Camacho.
El Lokomotiv es uno de los prototipos del nuevo fútbol ruso como pudimos comprobar en el partido de ida. Con un entrenador portugués, dirigido en el centro del campo por Zapater y Glushakov, sus principales bazas están en su poderoso juego de ataque, donde Caicedo y Maicon hacen valer su potencia y velocidad, además de unas dotes dramáticas en cuanto pisan área, impropias al este del Danubio. Caicedo ya sacó provecho de sus dotes interpretativas a costa de la inocencia de Aurtenetxe, que no jugará en San Mamés por culpa de aquella tarjeta precisamente. Como tampoco lo hará Maicon, que acabó hartando al árbitro y también vio una amarilla. Es esta una buena noticia para el Athletic porque la ausencia del brasileño por fuerza tiene que restar velocidad al juego de contragolpe de su equipo.
El Lokomotiv sigue siendo una incógnita porque el primer partido no permitió calibrar su potencial en su justa medida. El encuentro estuvo condicionado por la doble personalidad que exhibió el Athletic, tan excelso en el primer tiempo como nefasto en el segundo, así que no sabemos a ciencia cierta si el equipo moscovita es tan vulnerable como pareció antes del descanso o tan peligroso como se mostró en la continuación. No hay que olvidar, además, el dato de que el Lokomotiv lleva dos meses y medio sin competir, lo que siempre influye en el rendimiento de cualquier equipo como muy bien lo ha comprobado el Athletic cada vez que ha tenido que afrontar alguna eliminatoria previa en verano. El gol que marcó Muniain en el Luznhiki cobra además un valor extraordinario, tanto que no es exagerado afirmar que otorga al Athletic la condición de favorito.
Por último, las condiciones del partido nada tienen que ver con las que rodearon el encuentro de ida. Ni la temperatura, ni el terreno de juego, ni, sobre todo, el ambiente en las gradas, serán lo mismo. Las colas de socios y aficionados para hacerse con una entrada auguran otro llenazo en un San Mamés que vivirá de nuevo la magia de las noches europeas. Todo el mundo es consciente de lo mucho que hay en juego. Superar al Lokomotiv otorga al Athletic el premio de una eliminatoria con el Manchester United, es decir, la oportunidad de cobrar un protagonismo importante a nivel continental, por no hablar de cosas más prosaicas pero no menos trascendentales, como el rendimiento económico de una nueva ronda.

HA MUERTO BIRITXI
Soy muy malo haciendo necrológicas. Es un género que nunca me ha gustado ni mucho menos, dominado. Hay auténticos especialistas, pero la mayoría suelen acabar hablando del difunto como alguien que tuvo la suerte de cruzarse en sus vidas. Por eso, no voy a hacer aquí una necrólógica. Ha muerto Natxo Biritxinaga, un hombre que nació y vivió en el Athletic, y en este caso no es una frase hecha porque nació y vivió en una vivienda que estaba adosada a una de las tribunas de San Mamés, los más viejos la recordarán, y en el seno de una saga de masajistas rojiblancos. Natxo, o Biritxi, porque de las dos formas se le conocía, era un tipo peculiar, con un sentido del humor que le llevaba a aceptar las bromas de los jugadores y también a instigar alguna, como si eso también formara parte de su trabajo. A raíz de un reportaje con motivo de la última final de Copa, trascendió al gran público la que protagonizó en el vestuario del Bernabéu minutos antes de la final contra el Barcelona: apareció de pronto disfrazado de Eva Nasarre, con calentadores y cinta en el pelo, y la broma ayudó a descargar la tensión del momento.
No era la primera vez que Natxo se disfrazaba ni sería la última, porque Biritxi era de los masajistas de la vieja escuela, de cuando el entrenador no tenía segundo, ni ayudante, ni consejero áulico en nómina; de cuando viajaban once futbolistas, el portero suplente, el entrenador y el masajista y éste tenía que hacer de todo, desde encargarse del material, hasta vendar y dar masajes a los jugadores o repartir las llaves de las habitaciones.
En sus últimos años en activo a Biritxi le dio por aparecer con una cinta rojiblanca en la cabeza en los partidos. Componía una imagen curiosa cuya razón nunca explicó o al menos yo no la conozco. A lo mejor era una reminiscencia de aquel disfraz de Eva Nasarre. Devoto de Clemente, Javi era Dios para él, sobre todo a raíz de los títulos, pero también porque conocía de primera mano la forma de trabajar de muchos entrenadores y su relación con los jugadores y los auxiliares, tenía a los jugadores como parte de su familia. No era raro verle por Lezama una vez jubilado. Lo explicaba a su manera, con una sonrisa: "es que echo mucho de menos a estos cabrones; no puedo estar sin ellos".
Agur Biritxi
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martes, 21 de febrero de 2012

El Athletic ya ha jugado un número
de partidos equivalente a una Liga completa

El próximo jueves, cuando acabe la eliminatoria contra el Lokomotiv, el Athletic habrá disputado cuarenta partidos de competición oficial, dos más de una Liga completa cuando todavía no ha terminado el mes de febrero. Ocho partidos de Copa, nueve de Europa League y veintitrés de Liga, completan el programa que habrán interpretado los rojiblancos cuando culminen su enfrentamiento con los rusos. Habida cuenta la metodología de Marcelo Bielsa, es comprensible la inquietud y la expectación a partes iguales que despierta entre aficionados y rivales la respuesta física del equipo de cara a lo que resta de temporada.
Lo cierto es que, de momento, el grupo apenas muestra síntomas de desgaste. El Athletic sigue acabando casi todos los partidos, al margen de lo que señale el marcador, en el área rival. Podrán jugar con más o menos brillo, pero los leones siguen corriendo y luchando prácticamente como el primer día.
Una observación más precisa descubre, sin embargo, ciertos detalles que desvelan algunos problemas individuales que el equipo ha solventado con su trabajo coral. Ha habido y sigue habiendo determinados jugadores que han evidenciado eso que en el argot se define como baja forma, que no tiene que ver necesariamente, o de manera exclusiva, con la cuestión estríctamente física. Sin embargo, en todos los casos, Bielsa ha preferido que sus hombres atraviesen a pie de obra esos valles en la gráfica de su rendimiento. A estas alturas, parece evidente que el método de trabajo del técnico incluye la confianza a todo trance en sus elegidos. No es el argentino un entrenador que utilice el manido método del palo y la zanahoria para motivar a su gente. Si la decisión depende exclusivamente de él, elige siempre la zanahoria. Ni actuaciones especialmente malas, ni síntomas negativos le han hecho variar un ápice sus planes. El jugador que ha fallado un día, ha tenido la oportunidad de reivindicarse la siguiente jornada. Incluso el técnico ha mantenido en el terreno de juego sin recurrir al banquillo hasta donde ha podido sin poner en riesgo al grupo, a jugadores que estaban especialente negados en un momento determinado. Él mismo ha manifestado alguna vez que el tiempo le ha enseñado que para el jugador la confianza es más estimulante que el castigo .
La insistencia de Bielsa en la misma alineación es un hecho aunque admite matices, más frecuentes en los últimos tiempos. Por ejemplo, ya realizó algunos cambios en el entorno de la semifinal de Copa ante el Mirandés y repitió novedades el pasado domingo ante el Málaga. Además, la propia competición, en forma de sanciones o lesiones, se ha encargado de variar la alineación tipo en más de una ocasión. Llorente y Herrera, por ejemplo, se han perdido un buen número de partidos y las tarjetas han ido concediendo descansos puntuales a algunos hombres. Sin ir más lejos, el próximo domingo descansarán por este motivo Muniain y De Marcos.
Pero la gente observa al Athletic como una goma que se está estirando un poco más cada semana sin que nadie conozca dónde está el umbral de su elasticidad y, por lo tanto, su límite antes de la rotura. Hay cierta sensación de incredulidad que no alivia siquiera las manifestaciones de los propios protagonistas, quienes no se cansan de repetir que no hay problema en el aspecto físico. Resulta paradójico que mientras los que corren aseguran que están estupendamente, los que están sentados en la grada discuten sobre la idoneidad del método.
Pero pasan las jornadas y los hechos se empeñan en avalar la apuesta del técnico. El equipo sigue corriendo y luchando -no con la frescura del primer día, es obvio pero, ¿quién lo hace a estas alturas?- aunque sí con una eficacia creciente debido al mejor ensamblaje entre líneas. El domingo ante el Málaga Iraola falló un remate de cabeza en el área pequeña que pudo significar el cuarto gol y Aurtenetxe protagonizó dos arrancadas que le llevaron hasta el área contraria, cuando llevaba muchos minutos alternando su posición en la banda con las ayudas a los centrales. El pésimo segundo tiempo de Moscú se cerró con aquella doble ocasión de Llorente y Muniain en el minuto ochenta y seis. Y así podrían encontrarse ejemplos en cada partido.
Una de las razones que pueden explicar este extraordinario rendimiento es, sin duda, la edad de la mayoría de los jugadores. El equipo titular tipo apenas rebasa los 24 años de media y solo el portero supera la treintena. Estamos ante un grupo de futbolistas que acredita, además, una biografía de trabajo metódico en Lezama, donde desde la edad infantil han ido completando su perfil físico modelado por especialistas.
Si las piernas de los leones tienen mucho trabajo acumulado, a eso hay que añadir los aspectos que atañen a su psicología. Pocas plantillas encontrará Bielsa tan dúctiles y tan dispuestas a efectuar el trabajo que se ordena. La identificación con el escudo, utópica en otras partes, es en el Athletic una realidad palpable que cada temporada suma bastantes puntos en el casillero.
De momento, los números invitan a seguir confiando en el técnico. El arranque de la segunda vuelta indica que ante los mismos rivales, Rayo, Espanyol, Betis y Málaga, el Athletic sumó un punto en el inicio de la temporada y siete ahora. No está mal como argumento contra el escepticismo.
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domingo, 19 de febrero de 2012

El Athletic noqueó en un suspiro a un Málaga peligroso pero falto de pegada

Analizar los hechos desde la perspectiva del oponente es un inmejorable método para obtener una visión global de la situación, lo que redundará en un más acertado juicio de valor y en un enriquecimiento del argumentario dialéctico. Lo que los anglosajones describen como ponerse en los zapatos del otro y nosotros resumimos con un ponte en su lugar. Analicemos el partido de San Mamés desde la perspectiva del Málaga y experimentaremos la más genuina sensación de estupor. Pongámonos en los zapatos del técnico y los jugadores andaluces en el vestuario una vez acabado el partido y entenderemos el significado de la palabra desolación. Los jugadores y el técnico del Athletic han experimentado esa sensación varias veces esta misma temporada, así que ellos no necesitan una explicación detallada del asunto.
Se suele decir que el fútbol es justo porque siempre te da una oportunidad para la revancha. En el caso que nos ocupa, apenas han tenido que pasar cuatro días desde el esquizofrénico partido de Moscú para que el Athletic haya podido encontrar consuelo a costa de un rival que seguro que a estas horas se sigue preguntando cómo es posible que saliera goleado de San Mamés.
Es lo mismo que se preguntan en su fuero interno jugadores y seguidores rojiblancos, y hasta el propio Bielsa por mucho que en la sala de prensa defendiera la justicia del resultado. Si reducimos el asunto a la relación aritmética entre el número de ocasiones creadas y convertidas, efectivamente, el Athletic fue justo ganador porque fue muchísimo más eficaz que su rival; si analizamos el partido desde otros parámetros habría mucho más que dicutir.
En lo que llevamos de temporada el Athletic no lo ha pasado peor en San Mamés que en el primer tiempo del partido frente al Málaga. Habría que remontarse al día del Betis para encontrar algo parecido. Fueron cuarenta y cinco minutos de sufrimiento para un equipo sobrepasado en el centro del campo y frágil en su defensa, que recibió ocasión tras ocasión y remate tras remate, sostenido únicamente por un colosal Iraizoz, que se vio obligado a realizar hasta tres paradones en la misma jugada. No habían pasado ocho minutos de partido y el Málaga ya había botado cinco saques de esquina. El equipo andaluz superaba al Athletic por tierra y aire sin que los rojiblancos aportaran más que su férrea voluntad de revertir la situación a base de coraje, porque juego, lo que se dice juego, solo se veía en el lado blanquiazul.
El Athletic acusó sobremanera el doble cambio en el eje de la defensa. Sancionado Javi Martínez, la decisión de Bielsa de dar descanso a Amorebieta, pareció tan arriesgada sobre el papel como los hechos se encargaron de demostrar muy pronto. La pareja formada por Ekiza y San José sufrió tanto su falta de rodaje, como el desierto que se abría diez metros por delante de su posición. Desconectado Iturraspe de Herrera y de De Marcos, el Málaga jugaba siempre en superioridad en el centro del campo. La movilidad de los Cazorla, Toulalan o Isco, dejaban casi siempre en ventaja a un poderoso Rondón, muy superior a los dos centrales rojiblancos. Casi media hora le costó al Athletic recuperar el resuello y alejar la pelota de su área, pero si atrás sufría, adelante era incapaz de trenzar alguna jugada digna de ese nombre. Carreras de Muniain por la banda, la brega de Toquero y De Marcos y poquito más constituye su pobre bagaje. Eso sí, a los leones nadie les podrá reprochar que volvieran la cara a la pelea. Además de la brillante actuación de Iraizoz, la entrega incondicional de todos y cada uno de los jugadores de campo le permitió al Athletic alcanzar el descanso sin sufrir más daños que los que padeció en su autoestima.
Esta vez Bielsa supo reaccionar en el descanso y acertó. Recuperó a Amorebieta en el sitio de Ekiza y dio entrada a Llorente para que Toquero ocupara el espacio que dejaba el sustituido Susaeta en su banda. Los cambios surtieron efecto casi de inmediato. Para empezar Amorebieta puso firme a Rondón, que no volvió a disfrutar de un balón en condiciones. No era poco tranquilizar el gallinero del área propia. A partir de esa seguridad recuperada, los rojiblancos entendieron que, a veces, las soluciones más sencillas suelen ser las más adecuadas para resolver las situaciones más complicadas. La apertura a Toquero para que éste sirviera balones al área desde la banda, fue un recurso que empezó a utilizar el Athletic una y otra y otra vez. El Málaga comprendió que no lo tendría tan fácil como en el primer tiempo, aunque nadie todavía imaginaba siquiera el desenlace del partido. Llegó a la antigua usanza: corner y remate. Primero Amorebieta recogiendo un rechace, dos minutos más tarde San José de cabezazo limpio imponiéndose por fin en el juego aéreo. En lo que va del minuto 58 al 60 el Athletic resolvió el partido. Los malaguistas no podían creer que perdían por dos goles cuando sacaron de centro por segunda vez. Tan desconcertados estaban que dejaron que Muniain les robara el balón para servir a Herrera, quien dibujo un excelente recorte sobre la línea de fondo para picar el balón hasta más allá del segundo palo, donde Toquero cazó una volea inverosímil, de extraordinaria ejecución técnica, para cerrar una de las fiestas más cortas que se recuerdan en San Mamés. Tres minutos separaron el infierno del paraíso; y viceversa, claro.
La amplitud del marcador le evitó incluso al Athletic esas agonías de última hora a las que tan aficionado se ha vuelto en los últimos tiempos. Visto y no visto, los rojiblancos se quitaron de encima una losa que empezaba a pesarles lo suyo. Toneladas de coraje para aguantar de pie en los peores momentos, alguna gota de fortuna y unos cuantos aciertos individuales constituyeron la fórmula del éxito. Ya era hora de que la fortuna sonriera de alguna manera a este equipo. ¿El Málaga?, un equipo excelente que mereció muchísimo más. Le tocó interpretar el papel que ha protagonizado el Athletic en varias funciones esta temporada. Está muy bien esto de intercambiar los papeles de vez en cuando. Vaya lo uno por lo otro.
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jueves, 16 de febrero de 2012

Su doble personalidad le vuelve a jugar una mala pasada al Athletic

De un tiempo a esta parte, el Athletic está evidenciando una tendencia al suicidio que empieza a ser muy preocupante, una pulsión autodestructiva que le está arruinando y trae por la calle de la amargura a unos seguidores que comienzan a no saber con qué carta quedarse, que pasan del entusiasmo desmedido que provoca hasta en el espíritu más pusilánime la exhibición de los de Bielsa en el primer tiempo, a la depresión profunda ante la contemplación del mismo equipo en los siguientes cuarenta y cinco minutos. Últimamente este equipo no tiene término medio, pasa sin previo aviso del brillo cegador a la oscuridad más tenebrosa. Los mismos jugadores que convierten en oro todo balón que tocan, se transforman en unos tuercebotas con no le pegan a un balde. No es la primera vez que ocurre; sucedió hace cuatro días en Sevilla. Es algo que no tiene una explicacón razonable, aunque empiezan a menudear teorías que acaban coincidiendo en señalar al desgaste que sufren unos futbolistas que se llevan casi toda la temporada jugando dos partidos a la semana. La teoría del cansancio podría servir para explicar derrumbes en el tramo final de los partidos, pero no para justificar lo ocurrido ante el Betis o en Moscú, por ejemplo, donde los jugadores que dominaron con suficiencia en el primer tiempo se quedaron en el descanso en el vestuario y regresaron al campo sus hermanos, los que hacen el anuncio de la cerveza.
Y cabría decir lo mismo del entrenador, brillante estratega, obsesivo táctico que no deja nada al azar y que imbuye a sus pupilos una ambición y un espíritu de superación ejemplares que, a continuación, no acierta a remediar el desaguisado que se está produciendo ante sus ojos, introduciendo algún cambio o modificando el dibujo.
Nadie que no conozca al Athletic hubiera apostado por su derrota en el descanso del partido del Luzhniki. Al contrario, lo presenciado durante todo el primer tiempo animaba a calcular que los rojiblancos podían dejar sentenciada la eliminatoria bajo la nieve moscovita. El gol de Muniain era un premio escasísimo para la catarata de remates y ocasiones que generaron los leones en los primeros cuarenta y cinco minutos. Tocando el balón con finura y precisión, generando fútbol alrededor del círculo central, los de Bielsa llegaban con frecuencia y facilidad al área contraria, manteniendo una superioridad táctica que les permitía segundas y terceras jugadas. El Lokomotiv, solo podía oponer entonces la potencia de sus dos delanteros, Caicedo y Maicon, y el empuje de Glushakov, poca cosa para asustar a un Athletic que se sentía, y era, muy superior.
Pero en Moscú se juntaron los dos males que más sufre el Athletic: la falta de puntería, que ya se creía superada tras el retorno goleador de Llorente, y ese trastorno de personalidad al que habrá que encontrar rápido remedio antes de que la cosa pase a mayores. Por culpa del primero de los males, el Lokomotiv llegó vivo al descanso. Cuál no sería la sorpresa de los rusos cuando en la continuación se encontraron a otro equipo enfrente. Uno formado por jugadores de pierna blanda que salían perdedores de todas las disputas, que eran incapaces de dar un pase fácil al compañero situado a cuatro metros, que no encontraban a nadie en el campo con la suficiente personalidad para pedir el balón y dirigir la reorganización de un grupo que se estaba desmoronando. De pronto, los dos delanteros de Lokomotiv empezaron a disfrutar de balones en ventaja y del apoyo de sus laterales y centrocampistas, que llegaban con una facilidad inusitada a las inmediaciones del área de Iraizoz. De pronto, el portero se convirtió en el mejor de su equipo. Mal asunto que generalmente no suele conducir a nada bueno. Los tramposillos jugadores del Lokomotiv acabaron por encontrar en la inocencia de Aurtenetxe el premio que llevaban tiempo buscando. Caicedo, como antes Maicon, esperó y esperó, tanto que ya había perdido el balón cuando el lateral sacó la pierna. El árbitro rumano, que no se había dejado engañar en dos ocasiones anteriores, acabó por conceder al ecuatoriano el premio a su constancia.
El Athletic acabó por perder completamente los papeles y el Lokomotiv que había estado a punto de despedirse de Europa, vio clara la posibilidad de reengancharse. A Amorebieta le dio por emular al gran Nureyev pero sin ninguna gracia y Caicedo recogió el regalo para fusilar a Iraizoz. Se pasó de aspirar a resolver el emparejamiento en el primer partido, a mirar el reloj para comprobar angustiados que todavía quedaban veinte minutos de sufrimiento.
La eliminatoria tiene pronóstico incierto aunque, pese a todo, los de Bielsa cuentan con ese gol en campo contrario que vale su peso en oro. Tienen además a su favor la constatación de su superioridad sobre el rival siempre que actuen en modo versión original; si en San Mamés sale la imitación, no tendrán nada que hacer. Convendrá recordar también que el Lokomotiv, que no es tan mal equipo como pareció en el primer tiempo, ni tan bueno como el de la segunda parte, marcó sus dos goles gracias a dos regalos en el área y cimentó todo su fútbol de la segunda parte en los constantes errores de los leones, y en la desaparición de algunos de ellos. Y pese a ello, el Athletic pudo empatar en el último minuto. Hay motivos para el optimismo porque en el partido de vuelta las condiciones serán muy distintas y no solo en lo climatológico. El frío, la nieve y el césped artificial fueron los mismos antes y después del descanso; mejor no buscar por ahí las razones de lo ocurrido. Quizá lo que este equipo necesita es un psicoanalista.
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miércoles, 15 de febrero de 2012

El Athletic llevó ochocientos seguidores a Moscú hace cuarenta años

Iñaki Sáez había levantado la Copa apenas dos meses antes en el Bernabéu tras ganar en la final, con goles de antón Arieta y Félix Zubiaga, a aquel buen y sorprendente Castellón, ¡pam, pam, orelluts!, de los Del Bosque, Clares y Planelles, entrenado por Lucien Muller. Así que en septiembre de 1973 el Athletic se disponía a emprender el primer viaje de su historia a la URSS para iniciar su andadura en la Recopa con la eliminatoria que le había emparejado con el Torpedo de Moscú. No era la primera ocasión en la que futbolistas vascos jugaban en la capital soviética, como recordaba en las vísperas del partido Vladimir Moshkarkin, uno de los responsables técnicos del rival de los rojiblancos. "Yo era el defensa derecho de la selección soviética cuando nos enfrentamos a los futbolistas vascos", evocaba en una entrevista, admirado todavía por el nivel futbolístico de aquella selección de Euskadi. "Nos obligaron a cambiar nuestra táctica", admitía, "nos ganaron 4-1 y a raíz de aquella derrota comenzamos a practicar el sistema WM. Me acuerdo bien de aquellos futbolistas, Luis Regueiro, Guillermo Gorostiza, Blasco y otros muchos", hacía memoria Moshkarkin, "aunque hace casi treinta y seis años de aquello".
Aquel septiembre de 1973 del tardofranquismo, se acababa de estrenar José Antonio Eguidazu como presidente del Athletic, sustituyendo a Félix Oraá. Con el nuevo presidente comenzaba lo que con el tiempo se conocería como 'operación retorno', aquella serie de fichajes de jugadores vascos diseminados por equipos de Primera División. Después de muchos rumores y desmentidos, Pedro Zabalza firmaba por fin por el Athletic "por menos de seis millones de pesetas" según el presidente. Aquel verano en el que la Federación abrió las fronteras para que los clubes pudieran fichar a dos extranjeros, el centrocampista navarro dejaba el Barcelona, que estrenaba la apertura fichando a Johan Cruyff, confesando que su traspaso se había complicado por su interés en obtener cierto rendimiento económico a la operación a sus veintinueve años. La católica y conservadora La Gaceta del Norte reproducía en sus páginas un extracto de una entrevista a Zabalza en Radio Barcelona, para acercar a los aficionados del Athletic un perfil del nuevo rojiblanco.
Transcribía así un retazo de aquella entrevista el corresponsal del periódico:
-¿No es un inconveniente - le preguntaba el despistado locutor - que todos los jugadores del Athletic sean vascos?
-No, por Dios. Astrain y yo también somos vascos.
Sólo un par de semanas después los periódicos de Bilbao daban cumplida cuenta de los actos de celebración del Día del Caudillo en la sede del Gobierno Civil donde "numerosos vizcaínos desfilaron ante nuestras primeras autoridades para mostrar su adhesión y lealtad inquebrantable al Jefe del Estado".
Estaba a punto de inaugurarse la pista de hielo de Artxanda, había empezado el movimiento de tierras para ampliar el aeropuerto de Sondika y se destacaban en la prensa los beneficios que proporcionaría la central nuclear de Lemoiz cuando entrara en funcionamiento. En una de las numerosas salas de cine que había en aquel Bilbao se estrenaba 'Zorba el griego'. Sofico anunciaba una rentabilidad del 12 por cien para sus incautos inversores, aunque estos, todavía, no sabían lo incautos que eran, claro, y los organizadores del concierto pedían voluntarios que acogieran en sus hogares a los miembros del grupo estadounidense 'Viva la gente', que iba a actuar en breve en La Casilla. Franco nombraba a Fraga embajador en Londres y Allende moría en el Palacio de la Moneda de Santiago, en el golpe de Estado de Pinochet.
El traspaso de Zabalza al Athletic había despertado en la afición la sospecha de una turbia maniobra de intercambio de jugadores y José Angel Iribar tenía que salir a los medios de comunicación para desmentir los rumores que le situaban en la portería del Barcelona."¿Cómo tengo que decir que quiero acabar mi vida deportiva en el Athletic?", exclamaba el Txopo. José Mari Amorrortu acababa de debutar en el primer equipo rojiblanco jugando veinte minutos contra el Celta en Balaídos en el partido que abría la temporada.
Fue una aventura aquel partido de Moscú. El Athletic viajó desconociéndolo casi todo de su rival. La prensa local suponía que al ser Milorad Pavic yugoslavo, contaría en su círculo de amistades con algún conocedor del fútbol soviético. Pero solo lo suponía. La ausencia del rival del Athletic de los torneos veraniegos a los que sí habían acudido otros equipos de su país, acrecentaba el misterio. Tan solo se sabía que el Torpedo era el equipo de una fábrica de camiones y tractores, lo mismo que el Dynamo era el de la Policía y el CSKA, el equipo del Ejército, y ello gracias a la condición de 'niño de la guerra' del doctor Paco Angulo, que entonces echaba una mano al doctor Barrallo cuidando la salud de los leones y hacía al mismo tiempo de informador de las peculiaridades de la URSS Generalidades, como que en septiembre era conveniente llevar ropa de abrigo a Moscú.
No era fácil viajar entonces y mucho menos al otro lado del 'telón de acero'. El equipo, que el domingo previo había jugado su partido de Liga en Atocha, se desplazó en autobús a Biarritz, desde donde voló a París para tomar un avión hacia Moscú con parada técnica en Varsovia. En el viaje de vuelta se hizo el trayecto inverso con las mismas escalas. El equipo llegó a casa, derrengado, bien entrada la madrugada del jueves al viernes y Pavic se mostraba preocupado porque el domingo visitaba San Mamés el Real Madrid. Eran otros tiempos y los leones ganaron 2-1 superando con claridad a los merengues en el juego, pese al penalti con el que fueron castigados en el segundo tiempo.
El Athletic no estuvo solo en Moscú. Ochocientos aficionados se desplazaron para acompañar al equipo, algunos con viajes tan complicados como el que hicieron los que volaron de Bilbao a Londres, de allí a Copenhage, donde hicieron noche, para llegar a Moscú al día siguiente. No es una cifra desdeñable para la época, al contrario, bien podía decirse que era una multitud, pero es que aquel partido, calificado como 'el acontecimiento deportivo de la temporada' en la publicidad de Radio Bilbao, constituyó, efectivamente un hito histórico, más por todas las connotaciones que encerraba el destino, que por la entidad del rival.
El Athletic empató sin goles en el Estadio Lenin, que siete años más tarde albergaría los Juegos Olímpicos de Moscú. Los ochocientos seguidores rojiblancos ganaron por goleada en unas gradas con capacidad para albergar a 106.000 espectadores, pero que presentaron un aspecto desolado en la retransmisión sin sonido que hizo la televisión. En el partido de vuelta, el Athletic se impuso por 2-0, con goles de dos defensas, Astrain y Lasa.
La aventura de aquella Recopa acabó se manera sorprendente en la siguiente eliminatoria. Tocó en suerte el Beroe, de Stara Zagora, un rival desconocido y un destino que costaba localizar en el mapa de Bulgaria. El 3-0 del partido de ida fue una losa que los leones no pudieron levantar en San Mamés, donde solo pudieron ganar por 1-0.
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martes, 14 de febrero de 2012

Thinking football: ¿el deporte es cosa de hombres?

Fue una marca de brandy la que popularizó en la década de los setenta aquel lamentable eslogan, "es cosa de hombres", que pretendía destacar así las virtudes del bebedizo que querían vender. El anuncio se emitía preferentemente en el transcurso del programa deportivo por excelencia en la época, el Carrusel deportivo, y en el entorno de las pocas retransmisiones televisadas de partidos de fútbol que se hacían entonces. Ayer, dentro del ciclo de conferencias que ha organizado la Fundación Athletic, se debatió sobre deporte e igualdad, sobre si el deporte en general o el fútbol el particular son, en efecto, solo 'cosa de hombres'. John Amaechi, exjugador de baloncesto de la NBA, primer profesional que manifestó abiertamente su homosexualidad, actualmente psicólogo y alma mater de una fundación en Inglaterra que ofrece a niños y niñas marginales la oportunidad de hacer deporte, el escritor e historiador danés Hans Bonde, experto en temas de género y deporte, y la exjugadora del Athletic Nerea Onaindia, expresaron sus opiniones al respecto moderados por Ibon Zubiaur, director del Instituto Cervantes de Munich.
Fue una mesa redonda ciertamente interesante que, sin embargo, contó con menos de la mitad de presencia de público que la anterior, probablemente por la menor popularidad de los ponentes. Poca gente, menos cámaras y prensa y solo una persona relacionada con el Athletic entre el público, lo que no dice mucho en favor de quienes más debían apoyar a los organizadores. También hubo menos mujeres que en la ocasión anterior, lo que contrasta con el tema que se trataba.
Un inciso para llamar la atención sobre algo que no se debe repetir. Se hablaba del derecho de las minorías sociales a acceder al deporte, y la condición angloparlante de dos de los ponentes puso de manifiesto que las minorías, en este caso lingüísticas, corren siempre el riesgo de la marginación en todos los ámbitos de la vida. El sistema de traducción simultánea ignoró por completo uno de los dos idiomas de la comunidad en la que vive el Athletic, ofreciendo solo el servicio inglés-castellano.
La iniciativa de la Fundación Athletic es de las que marcan la diferencia entre un simple club de fútbol, dedicado a lo suyo, y una institución como la rojiblanca, que pretende ser algo más y participar de otra forma en el medio social en el que vive, tal y como destacó el propio moderador, señalando la excelente imagen que había proyectado el Athletic en el entorno en el que trabaja en Munich. No son muchas las oportunidades que tenemos en Bilbao de escuchar en directo las opiniones de un personaje como John Amaichi, por eso desconcierta el escaso interés que despertó la convocatoria.
Se habló del papel de la mujer en el deporte en general y en el fútbol en particular. Nerea Onaindia relató las penurias que tuvieron que sufrir ella y sus compañeras hasta llegar al momento en el que se encuentra actualmente el fútbol femenino en Bizkaia y destacó el papel trascendente que ha tenido la irrupción del Athletic para potenciar la versión femenina del fútbol. Amaichi analizó con ironía algunas de las situaciones que le han tocado vivir en el deporte profesional desde su condición homosexual y reclamó más oportunidades para las mujeres, lo que le condujo a debatir con Bonde, quien desde la perspectiva de su pertenencia a la avanzada sociedad danesa, daba por supuesta y prácticamente alcanzada esa igualdad de oportunidades y se preguntaba por las razones últimas que hacen que la mujer siga siendo refractaria a la práctica deportiva en general.
Se habló de la masculinidad inherente al deporte, de la cualidad homosocial de la práctica deportiva o de la preponderancia del nacionalismo sobre la cuestión del género, en aquellos casos en los que una selección deportiva femenina logra concitar la atención del gran público por sus éxitos puntuales, tal y como relató Bonde que ocurrió en Dinamarca con la selección femenina de balonmano medallista olímpica y campeona de Europa.
Amaichi llamó la atención sobre la imagen personal que proyectan los propios deportistas bromeando con la incredulidad que percibe en sus interlocutores cuando se presenta como psicólogo, e insistiendo en la exacerbada masculinidad que destila el deporte de competición, lo que llega a impedir a los hombres la práctica de ciertas modalidades minoritarias reservadas a las mujeres.
La cuestión de la igualdad entre hombres y mujeres, o la del derecho de las minorías sociales al acceso al deporte, fue analizada desde tres puntos de vista coincidentes en lo fundamental pero discrepantes en bastantes aspectos, lo que dotó al debate de una vivacidad e interés que hubieran merecido una mejor respuesta de público.
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domingo, 12 de febrero de 2012

El Athletic se empeñó en perder
y lo consiguió en el tiempo añadido

Esta vez el hecho de encajar un gol en el tiempo de descuento entra en el terreno de lo anecdótico. Duele más, pero la verdad es que el Betis pudo conseguir el tanto de la victoria mucho antes. Hizo méritos suficientes y superó al Athletic con una claridad inesperada. Nada que objetar a la victoria de los andaluces, cimentada en los méritos propios, en el empeño que pusieron los de Bielsa en dar facilidades perdiendo constantemente el balón, y en la actuación de un árbitro de espíritu funcionarial que nunca entendió de qué iba la cosa.
Si hay que hacer caso a Bielsa, lo primero que hay que descartar es que la acumulación de partidos pasara factura al Athletic. El técnico explicó su cálculo con claridad meridiana: si esta vez no había rotación era porque mediaba el suficiente tiempo de descanso entre el partido de Copa y el de Liga y entre éste y el próximo de Europa League. Anulada la excusa, habrá que buscar otras razones para tratar de explicar el mal partido de los leones. Fijémonos, por ejemplo, en la exasperante falta de precisión en los pases, en los errores en combinaciones a cuatro metros, en las malas elecciones a la hora de mover la pelota. Si te empeñas en regalar el balón al contrario, le estás concediendo una ventaja que acabas pagando tarde o temprano, como le ocurrió al Athletic.
Los rojiblancos evidenciaron sus problemas desde el primer minuto, lo mismo que el árbitro, al mismo tiempo que el Betis exhibía sus armas. Los de Mel emplearon la presión y la intensidad como elementos disuasorios ante el menor intento de los leones de mover la pelota con cierto criterio. Iriney se convirtió en el hombre clave del encuentro. Se trata de un futbolista enérgico y dinámico que se comió él solito a todo el centro del campo rojiblanco, empleándose por las buenas o por las malas. En los primeros veinte minutos el Betis cometió diez faltas señaladas y el Athletic, una. No está nada mal el promedio de los verdiblancos, una falta cada dos minutos, señaladas por un colegiado que, sin embargo, mostró su primera tarjeta amarilla a Javi Martínez en el minuto 28. Arbitrar un partido es algo más que aplicar más o menos bien la norma; es entender el juego y comprender cuándo un equipo usa el reglamento de manera torticera en su propio beneficio. Pero es excesivo pedir que eso lo entienda Teixeira Vitienes o a cualquier colegiado; lo suyo es otra cosa y así les luce el pelo.
El Athletic fue incapaz de solucionar el problema que le planteó el Betis. Salieron los rojiblancos con la pierna blanda y el espíritu encogido y, como el árbitro, no entendieron lo que estaba pasando. Ya sabemos que Iturraspe nunca superaría un casting para ser el protagonista de Braveheart y que Iñigo Pérez tendría un triste porvenir en la legión extranjera, pero a estas alturas es exigible un mínimo de solidez en las disputas. No es de recibo perderlas todas, ni sufrir falta tras falta con resignación cristiana. Al Athletic le faltó músculo y energía en el centro del campo, toda la que le sobró al Betis, permisividad arbitral mediante. Así no había forma de que progresara el fútbol rojiblanco y por ahí llegó el derrumbe de un equipo que nunca acertó a imponer su juego en ningún sector del campo, porque, oh sorpresa, se vio superado en intensidad por su rival.
Los habilidosos delanteros béticos pusieron en evidencia a unos defensores muchas veces rebasados. Así llegó el primer gol verdiblanco y así sucedieron las ocasiones ante la portería de un Iraizoz que acabó siendo de lo mejor del equipo. Las imprecisiones en los pases y las consiguientes y constantes pérdidas de balón hicieron el resto. Si el Athletic alcanzó el descanso con el marcador igualado, se debió a un gol de fortuna y a que el rival, pese a todo, evidenciaba un nivel general un poco más que justito.
El árbitro impidió que comprobáramos el efecto del cambio de San José por Iñigo Pérez tras el descanso. La expulsión de Javi Martínez, por una segunda tarjeta amarilla tan evitable como exagerada, obligó a una recomposición de líneas que derivó en un Athletic a la antigua usanza, esto es, replegado en su área y fiándolo todo al balonazo sobre un Llorente que dio algunos signos de agotamiento. El técnico retiró a un Muniain que lleva un tiempo empeñado en parecerse más a Onésimo que a Messi, para reforzar la defensa con Ekiza, pero todo resultó inútil. A favor de corriente, Mel fue reforzando su línea de ataque para poner cerco a la portería de Iraizoz. Era cuestión de tiempo y de suerte que el marcador se moviera. Un pase de Muniain a un rival al borde del área preludió un gol bien anulado por el árbitro, el portero rojiblanco evitó el empate con una buena parada y finalmente, como si de una costumbre se tratara, en cuanto el cuarto árbitro mostró el cartel que indica el tiempo añadido, llegó el gol en un remate afortunado tras un penalti no señalado por mano de Ekiza y dos corners consecutivos.
El Athletic completó en el Villamarín uno de sus peores partidos de la temporada, solo comparable al que jugó en la primera vuelta contra el mismo rival. No es descartable que la acumulación de partidos empiece a pesar en las piernas de los leones, pero más que al cansancio físico hay que achacar a la falta de precisión los males que padeció el equipo. El empeño de algunos futbolistas concretos en complicarse la vida en situaciones comprometidas merecería una seria reflexión por parte de los responsables. Hay frivolidades que cuestan muy caras y que dicen muy poco de la inteligencia de quien las comete. El Athletic dejó crecer a un rival en teoría menor hasta servirle el triunfo en bandeja. En Sevilla hubo una acumulación de errores como no se había producido en todo el curso, a la que no fue ajeno ni el propio Bielsa, ¿a qué viene el cambio de Toquero a falta de un minuto para el final de la prolongación?. Estuvo mal el Athletic, sin paliativos, pero tampoco es la primera vez que el equipo rojiblanco hace el canelo en el campo del Betis. Será mejor que nos tomemos la derrota y sobre todo, la forma en que se produjo, como un peaje a la tradición. Queda mucho por delante para enmendar este borrón y el Athletic ha demostrado con creces que es un buen escribano
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viernes, 10 de febrero de 2012

Ahora toca la Liga

Seguro que Marcelo Bielsa y los jugadores ya están centrados en el partido contra el Betis. Más les vale, aunque les resultará complicado aislarse del pandemónium que se ha organizado en el entorno rojiblanco con la final de Copa. Desde el pasado martes el tema de debate en Bilbao y alrededores no es ni la crisis económica en general, ni las cuentas del Gobierno vasco en particular; ni siquiera la reforma laboral 'agresiva' que plantea el Gobierno de Rajoy. El monotema para todo aquel que se considere al día en asuntos de actualidad es la sede de la final. A estas alturas del concilio rojiblanco, a partir del dogma inicial que localiza en el Santiago Bernabéu las esencias coperas, se han escindido dos escuelas de pensamiento: la que propone que si se nos niega el acceso al sancta sanctorum copero, se consagre el Camp Nou como alternativa y la que niega tajante esa posibilidad tachando a los seguidores de la primera escuela poco menos que de incautos que han abrazado la falsa fe que predican los catalanes con el señuelo del becerro de oro de una entrada asegurada. Estos, digamos, predicadores de la contrarreforma futbolística, se proclaman incluso dispuestos al martirio de quedarse sin entrada por elegir Mestalla, la Cartuja o lo que sea como alternativa al Bernabéu, antes que el coliseo culé. Ventajas al enemigo, ni una, exclaman enarbolando la antorcha, prestos a incendiar la pira para asar a los herejes.
Planteadas las cosas en estos términos hemos llegado al punto de no retorno en el que haga lo que haga el presidente, habrá un sector de la afición al que le parecerá fatal. Si Urrutia consigue convencer a Florentino de que se deje de tonterías, se habrá ganado fama de estadista de la talla de un Churchill o un Adenauer entre la masa rojiblanca. De lo contrario, será vilipendiado por los siglos de los siglos por aquellos que se queden sin entrada. Su otra oportunidad es que la final se juegue en el Camp Nou y que la gane el Athletic. Entonces podríamos ir pensando en aprovechar el cambio de estatutos para sustituir la figura del presidente por la del querido líder.
No lo tienen fácil Urrutia y sus directivos, pero tampoco es cosa de adelantarse a los acontecimientos. Si el lunes se decide por fin cuál será la sede de la final, y ésta no es el Santiago Bernabéu, será el momento de empezar a atender no ya a las escuelas de pensamiento antes citadas, sino a todas las escisiones, sectas y falsos profetas que surgirán como hongos tras la lluvia, justo al lado de traficanes de influencias, camellos de entradas y hasta algún notario que dará fe de todo lo que vaya pasando. Esperemos acontecimientos.
Mientras tanto, centrémonos en la Liga que vuelve este fin de semana y en la que el Athletic tiene mucho que decir. Alcanzada la final y con ella prácticamente el billete para la próxima Europa League, los rojiblancos encaran la segunda vuelta de la competición regular con los deberes hechos o, si se quiere, buena parte de los objetivos cumplidos. Con el contador de reclamaciones a cero (tendrá que jugar una final de Copa y darnos una clasificación para Europa, se exigía no hace mucho mirando a Bielsa) todo lo que venga de añadido habrá que anotarlo en la partida de beneficios. La clasificación para la Champions League aparece en el horizonte como la nueva frontera que deben cruzar los leones, sin desdeñar, para nada, todo lo que pueda venir de la competición europea, bien por su carga simbólica, como un cruce con el Manchester United, o bien por los rendimientos contantantes y sonantes, o sea el cruce citado, pero resultado favorable. A día de hoy, el aficionado rojiblanco está legitimado para soñar con todo; el rendimiento del equipo le da derecho a eso y más.
De momento, a corto plazo aparece el partido contra un Betis que sorprendió a los leones en San Mamés en la primera vuelta. El equipo sevillano es quizá el único de los que ha enfrentado el equipo de Bielsa que se ha mostrado superior a lo largo de noventa minutos. Las cosas han cambiado mucho para los dos conjuntos a lo largo de estos meses. El equipo de Mel ha ido de más a menos hasta convertirse en un equipo bastante irregular y, por lo tanto, imprevisible. El Villamarín nunca ha sido un campo amable para el Athletic, pero este Athletic de Bielsa no entiende de costumbres ni rachas negativas a las que acogerse para justificar fracasos. Fue precisamente en el otro campo sevillano, mucho más hostil para el Athletic, donde los leones completaron uno de sus mejores partidos en lo que llevamos de temporada. El reto para el equipo es ahora mental. Se trata de aparcar la Copa hasta mayo y recuperar la concentración en la Liga. Si se aspira a una de las cuatro primeras plazas, sumar en campos como el del Betis es de obligado cumplimiento.
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jueves, 9 de febrero de 2012

El objetivo no es llegar a la final, sino ganarla

Le tomo prestada la frase a Marcelo Bielsa para titular la reflexión inicial el primer día en el que hemos empezado a jugar la final. Tenemos tres meses por delante y seguro que habrá más aspectos que comentar, esperemos que más agradables y propiciadoras de la unidad rojiblanca, que todas aquellas cosas que se dijeron en los tormentosos días previos a la última final, aquella que se recordará más por el juego que dio un notario que por el exhibido por el equipo sobre el terreno de juego.
Han cambiado muchas cosas en estos tres años. Para empezar, la propia vivencia de la semifinal. Hace tres temporadas, el Athletic llevaba un cuarto de siglo sin alcanzar el partido trascendente, aunque se había asomado en un par de ocasiones a la semifinal. Aquel cruce contra el Sevilla tuvo mucho de épico por su carácter histórico. Llegaba la semifinal a Bilbao después de un 2-1 en el Sánchez Pizjuán, logrado en el último minuto por el Sevilla (sí, entonces también el Athletic sufría el último minuto), después de que Llorente hubiera adelantado al equipo antes del descanso. Aquel gol del delantero centro pesaba una tonelada de ilusión en los corazones rojiblancos porque valía una victoria mínima en San Mamés para alcanzar el objetivo. La familia rojiblanca se movilizó como hacía mucho que no lo hacía. Puestos a hacer memoria, San Mamés vivió un ambiente tan potente como cuando el Athletic logró su último título de Liga. Fue una explosión que nació en el corazón de todos y cada uno; nadie tuvo que convocar a los aficionados para que esperaran al equipo a las puertas del hotel, ni nadie organizó a miles de personas para que se apostaran a lo largo de todo el recorrido hasta el campo. Símplemente, sucedió porque la afición percibió que la Copa y el Athletic volvían a encontrarse en el camino. Aquello tuvo la verdad de lo espontáneo. Tres años después, ni la entidad del rival ni las circunstancias del partido han sido las mismas; la fiesta ha sido parecida a primera vista, pero en el fondo ha tenido un algo de impostura que le ha restado autenticidad. Los entusiasmos organizados y previstos, no son tan contagiosos, aunque tampoco vienen mal en estos tiempos. En cualquier caso, que las nuevas generaciones se acostumbren a protagonizar nuevos capítulos de la historia, en lugar de limitarse a escuchar las batallitas de sus padres, también es una buena noticia. Hasta aquí la disgresión pureta.
Han cambiado más cosas y de ahí el titular con la frase de Bielsa. Ahora la percepción de la final es muy distinta a la que se tenía hace tres años. Entonces sí era un objetivo en sí mismo llegar a la final porque incluía el premio del pasaporte europeo. A nadie se le pasaba por la cabeza que el Athletic tuviera alguna posibilidad de ganar a aquel Barcelona que estaba dando sus primeros pasos hacia la meta de ganar todos los títulos en disputa aquel año. Como mucho, el aficionado más optimista soñaba con un remoto e improbable milagro. Ahora, mientras el Athletic goleaba al Mirandés, en su fueron interno los aficionados rojiblancos se adelantaban al pensamiento que expresaría más tarde Bielsa en voz alta: las finales están para ganarlas y a día de hoy este Athletic puede ganar a cualquiera a un solo partido, incluso a este Barcelona que vuelve a cruzarse en el camino. Suelen decir los futbolistas en la derrota que una de las grandezas del fútbol es que siempre te concede la oportunidad de una revancha. Ahí la tienen los leones.
Han cambiado muchas cosas de fondo en estos tres años. La plantilla y el equipo titular sobre todo. Tomando como referencia otras dos finales jugadas en un intervalo de tres años, las de 1955 y 1958, la famosa de los once aldeanos, y repasando las alineaciones que presentó el Athletic, encontramos que tan solo hubo tres cambios, uno de ellos completamente circunstancial. Los once que ganaron al Sevilla en 1958 por 1-0 fueron: Carmelo, Orue, Garay, Artetxe; Mauri, Mauregi; Azkarate, Markaida, Arieta I, Uribe y Gainza. Solo Azkarate, Markaida y Maguregi no estuvieron en la alineación de los once aldeanos. Sus sitios los ocuparon Canito, Etura y Koldo Agirre.
Es verdad que el fútbol ha cambiado mucho y que ahora todo sucede a velocidad de vértigo. Hace tres décadas los aficionados se sabían, además de la suya, buena parte de las alineaciones de todos los rivales. Cada equipo tenía un ramillete de jugadores determinados, identificados con una camiseta y un escudo, que debutaban y se retiraban en el mismo club. Los niños de entonces sabían que a cada cara, a cada nombre, le correspondía una camiseta, siempre la misma, en las colecciones de cromos.
Por su propia peculiaridad, el Athletic se ha mantenido un poco al margen de esa vorágine de compras y ventas, idas y venidas. Por eso llama la atención el repaso de los protagonistas de la final del 2009, comparada aquella lista con la alineación y convocatoria del partido contra el Mirandés que, salvo catástrofe natural, serán muy parecidas a las que presentará Bielsa el día de la final. Caparrós alineó a Iraizoz, Iraola, Ocio, Amorebieta, Koikili; David López, Orbaiz, Javi Martínez, Yeste; Llorente y Toquero. Desde el banquillo salieron Susaeta, Joseba Etxeberria y Jon Vélez y se quedaron sin jugar Armando, Gurpegui, Etxeita y Balenziaga.
Ante el Mirandés repitieron Iraizoz, Iraola, Amorebieta, Javi Martínez y Llorente, solo cuatro fútbolistas de campo. Los nuevos fueron Aurtenetxe, De Marcos, Muniain, Herrera y Susaeta como titular. Desde el banquillo salieron San José, Iñigo Pérez y David López, y se quedaron sin jugar Raul y Toquero. Siete de los jugadores convocados para la final de Valencia ni siquiera pertenecen a la disciplina del Athletic y el técnico no cuenta para nada con dos más.
La renovación ha sido cosa tanto de Caparrós como de Bielsa, puesto que el técnico de Utrera permaneció en el Athletic hasta dos años después de aquella final. Casi se podría afirmar que las altas fueron cosa de Caparrós y las bajas de Bielsa, quien no ha hecho fichaje alguno y se ha limitado a redimensionar una plantilla heredada, dicho en términos numéricos, puesto que su aportación en aspectos técnicos y tácticos y en la reubicación de determinados jugadores, tanto en el campo como en el escalafón de la plantilla, ha sido mucho más enriquecedora.
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miércoles, 8 de febrero de 2012

¡A la final!

Las gentes rojiblancas se veían en la final prácticamente desde que se supo la composición del cuadro de eliminatorias. El Athletic estaba en la lado fácil y, además, los equipos más pequeños le han ido aclarando el panorama. Las gentes rojiblancas estaban exultantes de optimismo, pero algo en el fondo de su corazón les aconsejaba guardar una mínima prevención. Al fin y al cabo, en esta dinámica de lo impensado que es el fútbol, el susto puede saltar en cualquier esquina. Hubiera sido una sorpresa de dimensiones cósmicas que el Athletic no pasara su eliminatoria contra el Mirandés, pero el hincha de fútbol sabe que fiascos mucho más grandes se han producido en este deporte. Que se lo digan a los brasileños, que todavía lloran el maracanazo; de hecho, no hace falta ir hasta Brasil, basta recordar lo que ocurrió en Mallorca hace bien poco. Por eso, las gentes rojiblancas no querían más emociones que las estrictamente necesarias en el partido de vuelta de la semifinal, porque la emoción es muchas veces sinónimo de incertidumbre y eso hubiera significado que las cosas no se estaban desarrollando de acuerdo con los intereses del Athletic.
Al final, despues de tanta especulación y de tanta promoción televisiva de lo que se anunciaba poco menos que como el Novecento del fútbol modesto, de tanto jabalí y de tanto gladiador venciendo a un león, el partido respondió a los esquemas que se pueden esperar del choque entre uno de los mejores equipos de Primera División y un muy buen equipo de Segunda B que tiene un delantero calvo que trabaja en un banco y que estas semanas ha salido en la tele más que Botin y González juntos. La cosa duró, estirándola mucho, veintidós minutos, que fue lo que tardó el Athletic en marcar su tercer gol. A los diez minutos Muniain ya había marcado el primero, y cuatro minutos después Susaeta había hecho el segundo. Si la cosa había quedado meridianamente clara en el partido de ida, un cuarto de hora bastó para quitarle la sábana al fantasma de la sorpresa.
Es imposible de todo punto sorprender a un Athletic centrado en su objetivo y arropado por una grada en ebullición. El Mirandés no iba a superar ni en motivación ni en ganas a los leones y como estos son manifiestamente superiores en lo futbolístico, ocurrió lo que tenía que ocurrir, ni más menos. El equipo burgalés cayó fulminado en tres jugadas que evidenciaron la enorme diferencia que separa dos categorías en el fútbol. El Athletic, que saltó al campo con la cabeza fría, muy fría, y que no tuvo empacho en pasar y repasar la pelota en la zona ancha a la espera del hueco por donde golpear, comprobó que le bastaba con apretar un poco para hacer trizas la defensa del rival. La velocidad de De Marcos, los movimientos de Llorente, las subidas de Iraola, la capacidad combinativa de Muniain, Herrera y Susaeta eran realidades tangibles frente a la ensoñación de un Mirandés que veía que el cielo se desplomaba sobre su cabeza. No hubo salida en tromba, ni desmelenamiento; no era la noche de las emociones de ese tipo. Hubo control de la situación, claridad de ideas y una eficacia tan demoledora que si los tres primeros remates acabaron en la red no fue por suerte o casualidad, sino porque se hicieron desde tan cerca y con tanta ventaja que su destino no podía ser otro.
Al Mirandés hay que reconocerle un pundonor encomiable. Cualquier otro equipo hubiera regresado del vestuario tras el descanso agitando una bandera blanca. Los de Pouso no. Siguieron a lo suyo, a intentar jugar al fútbol todo lo que les dejaran, que hasta entonces no había sido mucho. Fueron los jugadores del Athletic los que regresaron al terreno de juego pensando en las musarañas o en la menera de conseguir todas las entradas que necesitarán para la final. Una estupidez de Muniain al borde el área (¿nadie le dirá nada a este chico?) acabó en corner y el corner en gol tras un barullo en el área pequeña. La gente se lo tomó como cuando alguien te derrama la copa en la camisa en mitad de la fiesta, un contratiempo no muy agradable si se quiere, pero intrascendente. Unos minutos después otra tontería de San José, acabó en un remate que salió muy cerquita del palo izquierdo de Iraizoz. Que te derramen una copa, molesta; que quieran ducharte con una segunda, suena a ganas de liarla. Los animosos mirandeses, que ya se habían visto volviendo con un saco de goles, se animaron con su grito de guerra: "¡sí, se puede!", mientras que la hinchada local dudaba entre bajar al campo a dar una colleja a los suyos para que espabilaran o seguir con la fiesta. Llorente les ahorró el debate. El Athletic regresó al partido y el delantero terminó de aplastar los restos que quedaban del Mirandés. Fue cuestión de cuatro minutos: un globito por encima de la salida del portero y un remate en el segundo palo, fueron la espoleta que hizo estallar la fiesta en San Mamés. "¡Sí, sí, sí, nos vamos a Madrid!".
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martes, 7 de febrero de 2012

Hoy es el día

Ha llegado el día y será un día muy largo, gracias a la servidumbre que imponen las televisiones al fútbol. Las diez de la noche es prime time para la televisión de este país (lo que describe bastante bien a este país y a su paisajane) pero nunca ha sido un horario futbolístico, y menos para los partidos que se juegan entre semana. Hasta hace relativamente poco, cuando los clubes eran libres para decidir sus horarios, solo el Valencia acostumbraba a jugar a las diez y media de la noche los sábados de determinadas épocas el año, el inicio del otoño y en primavera, sobre todo. Cada club maniobraba en función de las características y hábitos de su masa social. Así, el Athletic jugaba indefectiblemente a las ocho y cuarto, para dar tiempo a llegar al campo a los numerosos socios que trabajan en el sector del comercio.
Pero habrá que esperar hasta las diez de la noche para que el Athletic de el último paso que le separa de la final. Tiene un punto esquizofrénico el estado de ánimo de la afición rojiblanca. Nadie duda de que su equipo estará en la final, y ya hay hasta quien ha concretado sus planes para estar allí en forma de reserva de hotel o petición de permiso en el trabajo pero, al mismo tiempo, es imposible alejar de la mente ese puntito de inquietud que provoca la incertudumbre inherente a cualquier juego, y el fútbol lo es.
Hace casi medio siglo, un reputado periodista deportivo argentino, Dante Panzeri, definió el fútbol como la dinámica de lo impensado. Difícilmente se puede resumir mejor este deporte en tan corto enunciado. Esa dinámica de lo impensado hace tan grande este juego y mantiene el interés de las masas más allá de los noventa minutos. Es tan grande la probabilidad de que ocurra lo impensado, que puede suceder incluso fuera del límite de los noventa minutos, como ocurrió en San Mamés el sábado ante el Espanyol. Al Athletic le toca hacer el trabajo para que esta noche, todo suceda de acuerdo con el guión previsto, sin dar la mínima oportunidad al azar o a la casualidad para que se produzca lo impensado.
También hay quien cita con aversión a un árbitro históricamente nefasto para el Athletic, especulando con una de esas decisiones incomprensibles que suelen condicionar fatalmente un partido. En algunas pesadillas de los hinchas rojiblancos aparece la figura de Undiano Mallenco blandiendo una tarjeta roja ante la cara de un jugador del Athletic; en otras, el colegiado navarro señala con su dedo índice el punto de penalti del área de Iraizoz. Los más aprensivos han soñado ambas escenas en el minuto diez de la misma pesadilla, y se despiertan bañados en sudor frío mientras retumban en sus mentes las palabras fatídicas: penalti y expulsión.
Pero seamos lo suficientemente racionales para soñar con los ojos abiertos. El Athletic regresó con un 0-1 de Oviedo y en el partido de vuelta San Mamés registró una de esas tristes entradas propias de los partidos intrascendentes. De Albacete se volvió con un peor resultado, empate a cero, y todas las conversaciones giraban en torno a la identidad del siguiente rival: Mallorca o Real Sociedad. Ante el equipo de Caparrós el 2-0 de partido de la catedral no garantizaba casi nada para la vuelta, pero los aficionados cruzaban los dedos para que el Mirandés siguiera protagonizando sorpresas y apartara al Espanyol del camino. Ahora quedan noventa minutos con 1-2 a favor. El equipo burgalés tendría que marcar dos goles en San Mamés y quedarse a cero el Athletic, un resultado que no se ha dado en toda la temporada ante rivales de mucho mayor empaque. Incluso en el fútbol hay sido para la lógica y ésta dice que los de Bielsa están en el escenario soñado.
San Mamés se llenará y se vivirá el ambiente de las grandes noches, porque no todas las noches se juega una semifinal de Copa, al margen de cuál sea la entidad del rival. No hace falta que nadie prepare nada para que la afición esté con el equipo al máximo, como lo está en las ocasiones especiales. Los entusiasmos organizados de antemano y las alegrías programadas, no son ni entusiasmos, ni alegrías. La parroquia de la catedral tiene la suficiente experiencia en estas cosas como para saber comportarse como la ocasión lo requiere.
Hace tres años al Athletic le tocó protagonizar la gesta de voltearle el marcador a un excelente Sevilla. Esta noche el argumento es exactamente el contrario. Se trata de asumir el papel de favoritos y de imponer en el marcador la superioridad que ya se puso de manifiesto en el partido de ida. Hace tres años fue la épica, esta noche debe ser la eficacia. Los dos caminos son igualmente válidos. Ambos desembocan en la final. Hoy es el día que debe preceder a una gran noche.
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domingo, 5 de febrero de 2012

Por su mala cabeza

Ocho puntos lleva perdidos el Athletic en el tiempo de descuento. Si le sumamos que en Miranda dejó entreabierta una eliminatoria que debió quedar definitivamente cerrada, tenemos que concluir que este equipo tiene un problema serio que deberá resolver cuanto antes. Una cosa es ser fieles a una idea, lo que está muy bien y dice mucho de los valores del grupo, y otra es ser una cuadrilla de pardillos que va regalando puntos por ahí. Las abuelas suelen querer nietos que sean, sobre todo, sensatos. 'Ten un poco de juicio', les recomiendan en cuanto tienen edad para escuchar un consejo. Al Athletic no se le pide nada extraordinario; simplemente que sea juicioso y que aprenda a guardar lo que tanto cuesta conseguir, sin dilapidarlo con la alegría con que lo hace.
Al margen de la justicia del resultado, no es de recibo que los rojiblancos se dejaran dos puntos ante el Espanyol en el minuto 92, después del trabajo que habían realizado la hora y media anterior. No se puede ir por esta vida con esa magnificiencia insensata, al margen de que tampoco se puede andar por los campos de fútbol con esas botitas tan llamativas como poco eficaces. Doctores tiene la iglesia, y se supone que también le habrán echado un vistazo a este tema, que no es menor, pero tengo para mí que cuando los futbolistas se preocupaban más de la eficacia de las botas que de sus colorines, había menos resbalones en campos en bastante peor estado. Resbalón de Iturraspe en el área: gol del Rayo; resbalón de Javi Martínez en el área: gol del Espanyol. Y no han sido los únicos que hemos visto en los últimos tiempos.
Claro que no se puede culpar a las botas del fiasco del último partido. Hubo más cosas, por supuesto, en un encuentro jugado por los dos equipos, por decirlo de alguna manera, al revés. De salida, el Athletic evidenció una superioridad absoluta sobre un rival que no vio el balón. El Athletic llegaba con tanta facilidad, que estaba claro que era solo cuestión de tiempo que marcaran los de Bielsa. Apenas hubo que esperar veinticinco minutos para que De Marcos abriera la lata. Parecía que el Athletic se iba a llevar el partido con comodidad, pero fue marcar el gol y perder el control de la situación. El Espanyol se fue arriba y sus jugadores más pequeñitos empezaron a crear verdaderos problemas a una defensa más insegura que en anteriores ocasiones, hasta que llegó el empate en una jugada en la que Romaric se vio demasiado solo al borde del área, lo que le otorgó tiempo para componer la figura y soltar un trallazo duro y colocado. Espectacular.
Como espectacular fue el gol de Weiss, ya en el segundo tiempo, que adelantó al Espanyol en el marcador, cuando el Athletic, ya con Susaeta y Herrera en los sitios de David López e Iñigo Pérez, trataba de arreglar el lío en el que se había metido antes del descanso. Con otro portero, el de Weiss se catalogaría como un golazo por la escuadra con todas las de la ley. Con Iraizoz bajo los palos, la sospecha resulta inevitable. Estaba adelantado, pero no eso no quiere decir que mal colocado, según estaba discurriendo la jugada. Pero quedó la impresión de que en un remate desde esa distancia, el portero puede hacer algo más.
Quedó muy tocado el Athletic por ese gol, y dio entonces la impresión de que un Espanyol muy crecido, acabaría llevandose el partido. Pero queda dicho que el encuentro se estaba jugando al revés. Cuando peor lo estaban pasando los de Bielsa, Llorente y Javi Martínez le dieron la vuelta al marcador en dos jugadas bastante similares, más de asalto que de elaboración. Restaban veinte minutos, pero el mundo estaba del revés en San Mamés. El Athletic siguió atacando como si no hubiera un mañana y a punto estuvo de marcar un cuarto gol. No lo logró y hubiera sido el momento de detenerse un momento a recapacitar, recordar los precedentes y plantear los últimos minutos con un espíritu, digamos más utilitarista. Pero se ve que este equipo es muchas cosas menos juicioso y por su mala cabeza dejó escapar una victoria que tenía en las manos en el minuto noventa.
Es esta una reflexión obligada. No se trata de traicionar la esencia del espíritu que pretende inculcar Bielsa, porque se ha demostrado que, pese a todo, renta más beneficios que perjuicios, ni un canto al resultadismo. No se pide que el equipo se encierre en el área ni que los defensas de cuelguen del larguero; mucho menos que se recurra a trucos torticeros para matar el partido. Simplemente se pide un mínimo de sentido común para no dilapidar a última hora lo que tanto cuesta ganar. Es verdad que el Espanyol había hecho méritos para no salir derrotado de San Mamés, pero el marcador estaba ahí y el Athletic debió congelarlo en lugar de enredarse en un toma y daca que no le beneficiaba en absoluto.
Otro dato, más para la reflexión que para la estadística. En dos partidos en los que no ha jugado la pareja de centrales Javi Martínez-Amorebieta, el equipo cuasi imbatible de enero, ha encajado cinco goles y ha vuelto a los orígenes del periodo Bielsa, cuando el Athletic era un grupo capaz de lo mejor arriba y de lo peor atrás, un equipo de ida sin vuelta que provocaba escalofríos cada vez que perdía el balón. El Espanyol consiguió tres goles sin apenas rematar ni pisar área, pese a la sensación inquietante que provocaron siempre sus pequeños y habilidosos delanteros con sus movimientos a veinticinco metros de la portería de Iraizoz.
Lamentar las ocasiones falladas, la mala suerte o lo que pudo haber sido y no es, acaba cansando y, a la larga, pasando factura. El cambio que ha experimentado este equipo es uno de los más profundos de su larga historia. Su juego es una maravilla durante muchos minutos de cada partido y su actitud individual y de grupo despierta admiración. Por supuesto que hay que ser consecuentes con eso y mantener la apuesta con todas las consecuencias...y un matiz: esto es la Liga, no es Disneylandia.
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